¿Y ahora qué hago con la IA? Todas las empresas se abrazan al futuro, pero pocas saben qué hacer con él

La inteligencia artificial vive una profunda contradicción entre las promesas de los gurús tecnológicos y su aplicación real en las oficinas. Mientras figuras como Sam Altman vaticinan un reemplazo inminente de los trabajadores administrativos, la realidad en España es mucho más pausada y desigual. Según la Fundación Cotec, la adopción corporativa es aún minoritaria y depende críticamente del tamaño y sector de la empresa, enfrentándose a barreras como la falta de recursos para experimentar y una cultura organizativa que aún digiere este cambio como un proceso lento y estructural, más que como una revolución súbita.

A esta lentitud institucional se suma el fenómeno del «Shadow AI»: aunque las empresas no han abrazado la tecnología formalmente, el 35% de los trabajadores ya utiliza herramientas como ChatGPT o Gemini como asistentes personales por cuenta propia. El reto se agrava en las pymes, que representan el 98% del tejido productivo nacional y carecen de margen para el error o de una alfabetización digital básica. Para los expertos, el problema no es solo la falta de inversión, sino la ausencia de estrategias digitales sólidas que permitan pasar del uso individual y anecdótico a una verdadera transformación operativa.

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