Aunque parezca increíble, «123456» sigue siendo una de las contraseñas más utilizadas en todo el mundo. Es corta, fácil de recordar… y también una de las primeras que prueban los ciberdelincuentes cuando intentan hackear cuentas. Esto convierte a cualquiera que la use en un blanco muy fácil.
Según datos recientes, millones de personas siguen usando combinaciones simples como «123456», «password», «admin» o incluso sus fechas de nacimiento. ¿El problema? Estas contraseñas aparecen constantemente en las bases de datos filtradas en la dark web, y los hackers las prueban de forma automática con herramientas que tardan menos de un segundo en descifrarlas.
¿Por qué no deberías usar números como «123456»?
Porque ya están registrados como contraseñas débiles en prácticamente todas las listas negras de ciberseguridad. Son el equivalente digital a dejar la llave debajo del felpudo. Da igual que creas que «a ti no te va a pasar», porque cualquier cuenta —desde una red social hasta tu correo electrónico o banca online— puede ser objetivo si está mal protegida.
¿Cómo crear una contraseña segura?
Aquí van algunas recomendaciones básicas pero efectivas:
-Usa una combinación de letras mayúsculas y minúsculas, números y símbolos especiales.
-Evita palabras del diccionario, nombres propios, fechas o secuencias fáciles.
-No repitas la misma contraseña en diferentes cuentas.
-Usa un gestor de contraseñas para generar y guardar claves seguras.
-Activa siempre que puedas la autenticación en dos pasos (2FA).
¿Y si no me la quiero memorizar?
No tienes por qué. Hoy en día existen gestores de contraseñas como LastPass, Bitwarden o el integrado en tu navegador, que generan claves aleatorias fuertes y las almacenan de forma segura. Así, puedes tener contraseñas como “F#7n93@Klw!” sin tener que recordarlas tú mismo.
